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Declaración del Arzobispo Gustavo García Siller, MSpS, con respecto a la muerte de nueve personas víctimas de trata o tráfico humano en San Antonio

23 de julio de 2017 – No existen palabras para transmitir la tristeza, la desesperación y sí, incluso la indignación que sentimos hoy al enterarnos de las muertes, completamente sin sentido, de nueve personas que fallecieron durante la noche debido al calor, agotamiento y asfixia, siendo objeto de tráfico de personas o víctimas de trata, en San Antonio. Es una tragedia incomprensible.

También oramos fervientemente por la recuperación de la salud de unos 30 adultos y niños que están hospitalizados, con reportes noticiosos que indican que la mayoría de ellos están luchando por sus vidas con lesiones graves.

Caridades Católicas de la Arquidiócesis de San Antonio ya se ha comunicado con nuestro alcalde y ha prometido ofrecer cualquier ayuda que se necesite. Haremos todo lo posible por estos hermanos y sus familias.

Cuando 19 personas murieron en circunstancias similares en un remolque cerrado en la vecina ciudad de Victoria en 2003, la nación quedó atónita y la gente de buena voluntad prometió trabajar diligentemente para asegurar que algo como esto nunca volviera a suceder.

Desafortunadamente la policía ha reportado un aumento en esta forma de contrabando de personas y operaciones de tráfico humano en la frontera en los últimos meses, con individuos cada vez más desesperados buscando seguridad y una vida mejor para sus familias, poniendo su bienestar e incluso sus vidas en manos de traficantes y contrabandistas reprobables y despiadados.

Oramos por estas y por todas las víctimas del tráfico y la trata de personas; para que esta forma monstruosa de esclavitud moderna llegue a un final rápido y definitivo. Dios llora al ver esta realidad y muchas otras situaciones como esta en todo nuestro país y en todo el mundo.

Ahora tenemos un llamado a la acción. Todos: las iglesias, las fuerzas del orden público, los funcionarios electos estatales y nacionales, las organizaciones cívicas y los grupos de beneficencia, tienen que dar prioridad a la cuestión de la migración y trabajar verdaderamente juntos en nuevas formas que nos han eludido en el pasado, para generar soluciones de sentido común. ¡No más demoras! ¡No más víctimas!

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